Antes de ir a ver Imperium, la última de La Fura dels Baus, me leí lo que de la obra decían en su web. Me llevó su tiempo, porque el sitio de La Fura en Internet está corto de recursos y muy limitado en su nivel de accesos, pero supe lo que decían que querían decir en su creación sobre el poder político. Cito textualmente:
La idea de Imperium se basa en las tragedias de Eurípides. Está estructurado en 5 escenas:
1. Miedo: Escenas que reflejan un daño a la integridad física y psíquica y muestran a los espectadores los “Monstruos” de la actual sociedad: muerte dolorosa, impotencia, inseguridad, terrorismo…
2. Discursos: Escena formada por 3 personajes (el Activista, el Hedonista y el Moderado) que exponen sus discursos distorsionando la realidad e intentando ganarse seguidores del público en un espacio escénico que esta dividido en diferentes propuestas. Todo ello debe hacerse antes de que el reloj, cuyas agujas van en sentido contrario, llegue a cero.
3. Domesticación: Los Instructores empiezan la domesticación física del público, quienes tienen que pagar un precio por su seguridad, terminando en un proceso de odio a sí mismo. Los Instructores terminan destruyendo cuatro marionetas de paja simbolizando la derrota final del “enemigo interno”
4. Transformación: Los Instructores cogen a “Alumnos” del público para transformarlos o matarlos. Éstos últimos tienen que entrar en una zona de transformación para cambiar sus pieles que serán bañadas en harina. Los “Alumnos” terminan vengándose y un Instructor es capturado y “sacrificado”. Este proceso de transformación termina cuando los alumnos cuelgan el cuerpo “muerto” del Instructor.
5. Muerte total: El abandono de liderazgo y la ambición de poder terminan en una lucha entre todos los “Alumnos”. La última fase del imperialismo es la muerte y el vacío. Un fuerte viento empieza a soplar y allí sólo queda un intenso olor a muerte.
Esto es lo que dijeron que dirían. Lo que encontré en el Teatro Central de Sevilla fue otra cosa: una obra sin ritmo, alejada de su propuesta argumental, con un mensaje que no traspasa el de la propia imagen de marca de la compañía, con una dramaturgia muy débil y sin matices. Nada de lo que esperaba encontré y, sin embargo, me tope con lo que creía superado: la idea recobrada de que las obras -los espectáculos- de La Fura salpican y manchan. En este caso, fuera de tiempo, de lugar y perjudicial para la obra supuesta.
A duras penas, las esforzadas actrices de La Fura lograron generar cierta tensión dramática, a pesar de ser continuamente estorbadas en su trabajo por los prosaícos empleados del equipo técnico, que no tenían otra misión que la de mover estructuras de carpintería metálica por el espacio escénico -toda la sala, naturalmente- pero lo hacían con más protagonismo y peso que el propio de textos, escena y personajes.
Cuando, al llegarse casi al final, esa tensión debe alcanzar su máximo, con la lucha total, la obra se rompe y, como si se tratara de un inciso, La Fura recupera su antigua costumbre de ensuciar al público arrojándole cosas. En ese preciso momento, ese público serio y concienciado que con toda la voluntad del mundo había colaborado en la torpe dramática, ayudándola más de lo habitual, se vuelve divertido y juguetón: se trata ahora de corretear por la sala para evitar que te caiga encima algún cubo de agua, un pelotazo de harina…
Las caras de circunstancia de los espectadores se han vuelto en risas y en bromas, la sala parece una discoteca y estamos en algo parecido a una fiesta de la espuma. “¡Ja, ja… Que gracioso, chico, como en los viejos tiempos…!”, me dijo un amigo a la salida.
¿Es eso lo que querían los de La Fura?. Probablemente sí: son gente muy experimentada y, desde luego, es eso lo que han dado. Aquí, inocentes, no son ni las piedras, como dijo el sabio. Tal vez sencillamente es que se han quedado atrás y ya no tienen nada que decir, quizás los procedimientos -de gestión, más que nada- se hayan tragado su creatividad. Con Imperium y, antes, con la petardada de Metamorfosis… No se si volveré a prestarles atención. A Eurípides sí.



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